Vivir con una enfermedad crónica

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Aunque la medicina ha avanzado de manera exponencial durante el último siglo y la innovación actual está permitiendo avances insospechados hace años, convivir con una enfermedad crónica sigue siendo  una tarea dura y nada deseable tanto para enfermos como para sus familiares.

Una enfermedad crónica es aquella que se padece por tiempo prolongado, que se va a mantener durante el resto de la vida, y que por lo tanto, y como es de esperar hace replantearse tanto a los enfermos como a los familiares, ya que la curación, que es el objetivo que persiguen los enfermos, no es posible alcanzarlo con este tipo de dolencias.

Por eso es importante comentar que las enfermedades crónicas no solamente traen consigo síntomas permanentes, sino que afectan de manera perdurable a todos los ámbitos de nuestra vida, no solo en el plano físico, son también a nivel emocional, familiar, social e incluso económico.

Todos estos aspectos interesan de manera especial a la ciencia, por ello, los estamentos académicos y educativos desarrollan fórmulas que propongan soluciones para tratar este tipo de enfermedades. Recientemente la Universidad de Barcelona ha puesto en marcha el Postgrado en Atención al Paciente Crónico que pretende formar profesionales especializados en los cuidados del paciente crónico y sus familiares.

Cómo actuar ante una enfermedad crónica

El primer paso, tanto para el enfermo como para la familia y su entorno más cercano es asumir la enfermedad y aceptar el diagnóstico. Eso puede suponer importantes cambios en sus vidas, en las relaciones laborales, sociales o familiares, pero la resignación debe convertirse en aceptación.

En segundo lugar, es admirable cómo tanto los enfermos como los familiares cambian el concepto de enfermedad, de modo que abandonan en cierto modo la búsqueda de la curación para aprender a vivir con esta nueva situación vital.

Este nuevo estado de ánimo se traduce en el mejor de los casos en una actitud positiva frente a la vida, en caso contrario, la enfermedad puede acabar hundiendo la vida del enfermo y sus familiares. Esa es la razón por la que muchos terapeutas y psicólogos proponen ahondar en los aspectos positivos.

El siguiente paso es mantener los hábitos de vida saludables. Convivir con una enfermedad crónica no significa abandonarse y tirarlo todo por la borda. Es justo lo contrario, en estas situaciones es cuando más hay que incidir en las buenas costumbres: dieta equilibrada, práctica de ejercicio físico, abandono de los modos de vida sedentarios, etc.

Y por último, vitalidad y ánimo. Es en esos momentos cuando más se aprende sobre lo realmente importante en la vida. Convivir con una enfermedad crónica no debe suponer alejarse de los círculos más íntimos, hay que seguir disfrutando de la vida, de las pequeñas alegrías, del trato con los demás y sobre todo, tratar de vivir desestresado.

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