El estudio en cuestión tuvo su comienzo entre el año 1990 y 1992, momento en que se efectuó una serie de cuestionarios a más de 2.800 adultos, con edades comprendidas entre los 35 y 75, sanos, sin problemas cardiovasculares.
En este cuestionario se les preguntaba, en específico, sobre la valoración personal de su riesgo cardiovascular: debían elegir entre “alto”, “medio” y “bajo”, o “no lo sé”.
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