
Seguro que todos ponemos música cuando nos sentimos muy enérgicos o, al contrario, cuando estamos medio aplacados y queremos levantar nuestro ánimo.
Pero la musicoterapia, o terapia musical, va mucho más allá: se utiliza para ayudar en la recuperación de todo tipo de problemas, desde cuadros depresivos hasta otras enfermedades más de orden físico como el cáncer.
Quiénes abogan por esta terapia aseguran que es una práctica que puede producir cambios beneficiosos tanto a nivel físico como psicológico en los pacientes e, incluso, promover la sociabilidad y las relaciones humanas, si también se considera el vínculo que se crea entre paciente y terapista.
Uno de los puntos que se aclaran con respecto a la terapia musical es que para ser considerada como tal debe haber una persona especializada que intermedie –el terapista- entre el paciente y la música, o sea, quién sea, precisamente, el encargado de darle un rumbo a la terapia.
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