
Si uno ha tenido que pasar por un problema en el corazón, como un infarto, la mejor elección que podría hacer con respecto a la dieta es seguir un régimen bajo en grasas –o seguir la dieta mediterránea-, así lo ha vuelto a sugerir un reciente estudio publicado en The American Journal of Cardiology.
Si bien ambos tipos de dietas aportan similar cantidad de proteínas, carbohidratos, colesterol y grasas saturadas, la segunda opción significa mayor cantidad de grasas monoinsaturadas saludables, especialmente, los ácidos grasos omega 3 del pescado tan beneficiosos para la salud cardiovascular.
Sin embargo, los autores de este estudio aseguraron en sus conclusiones que cualquiera de las dos opciones puede ser la elección más apropiada para lograr una mejor calidad de vida, al tiempo que sería de beneficio para la salud de aquellos que ya hayan sufrido un infarto.




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