
Si eres de quienes gustan de dormir siesta, y luego te da cierta culpa el haberlo hecho, no te sientas mal, por el contrario, piensa que no sólo estás “refrescando” tu mente sino que también la estás enriqueciendo, al menos, según las conclusiones de una investigación realizada por expertos de la Universidad de California en Berkeley.
Eso sí, para obtener estos beneficios habría que dormir la siesta al mediodía, un horario quizá un tanto incómodo para la mayoría de las personas que trabajamos. De acuerdo a las conclusiones de este trabajo, dormir una pequeña siesta (no de más de una hora) en este momento del día limpiaría “lo almacenado en la memoria de corto plazo” y dejaría paso a nueva información.
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Una nueva investigación ha vinculado hábitos de vida poco saludables con una mayor pérdida de la memoria y de las capacidades cognitivas. Entre estos malos hábitos, el fumar, la vida sedentaria y el hecho de no incorporar suficientes frutas y vegetales en la dieta diaria, han sido los más dañinos en este sentido.
Se trató de un estudio realizado por un pequeño equipo de especialistas del Hospital Paul Brousee en Villejuif, Francia, en el que se analizaron las conductas de unos 5.123 participantes. Severine Savia y sus colegas hallaron que cuanto menos saludables los hábitos de una persona, mayor era su riesgo de padecer ”déficit cognitivo”.
El análisis demandó unos 17 años y sus resultados salieron publicados en American Journal of Epidemiology: aquéllos hombres y mujeres que acumulaban mayor cantidad de hábitos desaconsejados eran casi unas tres veces más propensos a tener problemas de pensamiento y unas dos veces más de sufrir deterioro en la memoria que aquéllos que no los tenían.
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Hacer crucigramas, leer y jugar a las cartas no sólo son buenas formas de mantenernos entretenidos y mentalmente activos, sino también pueden reportar beneficios valiosos durante la edad madura: según un reciente estudio realizado en los Estados Unidos, la práctica diaria de estas actividades demoraría el rápido deterioro de la memoria que se produce cuando las personas tienen demencia.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Medicina Albert Einstein, de Nueva York, estudiaron durante cinco años a unas 488 personas de entre 75 y 85 años que, al comienzo del trabajo, no padecían demencia. Tras ese lapso, unos 101 habían desarrollado la enfermedad.
Al inicio de la investigación, estos participantes informaron sobre la frecuencia con la que realizaban las siguientes actividades: leer, escribir, resolver crucigramas, jugar a las cartas o similares, integrar grupos de debate y escuchar música.
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El mundo de los sueños siempre me ha parecido algo muy misterioso y atractivo o, mejor dicho, la mente en sí misma es todo un misterio. Un nuevo estudio científico, que salió publicado en la revista especializada Nature, ha centrado su análisis en una zona del cerebro poco explorada en relación con la memoria, la corteza prefrontal, y ha abierto una nueva puerta para tratar de entender un poco más sobre el cerebro, su funcionamiento y, en específico, la memoria.
Un equipo de investigación francés, liderado por la profesora Sidney Wiener del College de France, en París, trabajó sobre un grupo de ratas para observar y determinar el mecanismo por el cual la mente sigue durante la etapa del sueño recordando instrucciones antes recibidas durante la vigilia.
Así, el grupo científico pudo hallar que la actividad neuronal que se registra durante la fase de sueño profundo también es determinante a la hora de que la memoria conserve ciertas conductas aprendidas durante el resto del día.
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Tanto nos preocupamos por ejercitar nuestro cuerpo, lo cual está muy bien, pero tampoco deberíamos descuidar otra “parte” muy importante en nosotros: nuestra cabeza. Es que se ha demostrado que cuanto más activas mantengamos nuestras funciones mentales, menos tendremos que arrepentirnos luego.
Sea leer un libro, una revista, hacer manualidades, o desafiarnos en juegos de ingenio, cualquier actividad mental que hagamos, y de manera periódica, puede ser de gran ayuda para retrasar, o incluso, prevenir la pérdida de la memoria en una edad más avanzada.
Estos resultados surgieron de un estudio realizado sobre un total de más 1.300 adultos maduros, que fue recientemente dado a conocer en la reunión anual número 61 de la Academia Americana de Neurología.
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Actividades tan sencillas, y agradables, como salir a caminar por un parque o el mero hecho de mirar una fotografía de la naturaleza, pueden ser más que simples “distracciones” o momentos de pequeño placer: según un reciente estudio de la Facultad de Psicología de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, pueden mejorar la memoria y la atención.
Esta investigación, que salió publicada en el último número de la revista Psychological Science, concluyó que la memoria y la atención pueden verse beneficiadas hasta en un 20 por ciento tras una hora de interacción con la naturaleza, o estando de algún modo en contacto con ella, como puede ser dando un paseo por un parque.
Los autores de este estudio, los especialistas Marc Berman, John Jonides y Stephen Kaplan consideran que estos resultados pueden tener una mayor repercusión y ayudar, incluso, a personas que sufren de fatiga mental.
Asimismo, los expertos demostraron que este contacto con la naturaleza puede disminuir el tiempo de recuperación de pacientes con cáncer, al tiempo que mejora la memoria y la atención.
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Tener una memoria lábil es algo poco agradable, no recordar el nombre de la persona que te está saludando con tanto entusiasmo y amigabilidad, o haber salado el agua para el spaghetti unas tres veces no son hechos que nos causen gracia (bueno, a lo mejor en principio sí, pero a la larga nos puede hacer sentir realmente mal).
Bien, ¿sabías que los videojuegos pueden serte de utilidad para aminorar este problema? Es que los jueguitos electrónicos (en su medida, claro) pueden ser beneficiosos para el cerebro. Expertos sugieren que este tipo de videojuegos que demandan de una atención y concentración elevadas, pueden a su vez tener un efecto indirecto benéfico sobre la memoria.
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¿No recuerdas donde dejaste tus llaves? ¿Olvidaste acudir a tu cita de trabajo? ¿No llamaste a tu madre para saludarla el día de su cumpleaños? ¿No recuerdas las contraseñas? Entre otras decenas o cientos de situaciones más que te hacen dar cuenta que estás sufriendo de la memoria, pues bien, bueno sería realizarte un análisis de sangre para chequear tu nivel de hierro.
Es que el hierro es un mineral esencial y entre sus tantas tareas, una de ellas, muy importante, es la de ayudar a los neurotransmisores para que tu memoria funcione adecuadamente.
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Por suerte, desde el mundo científico, también surgen buenas noticias: un reciente estudio de la Universidad de Nueva York (Estados Unidos) halló que dormir la siesta puede ser algo más que un pequeño descanso entre horas, puede hacer por nuestra memoria y el buen estado de nuestro cerebro.
Asimismo, se halló que un breve sueño por las tardes puede ayudar en las funciones cognitivas, facilitar el aprendizaje de nuevas tareas e incluso fomentar la creatividad y el surgimiento de nuevas ideas.
Así, uno de los autores de este trabajo, el neurocientífico dr. William Fishbein graficó estos resultados con un juego de palabras: “no sólo debemos recordar dormir, sino que en realidad dormimos para recordar”, aseguró.
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Ayer hablábamos de los alimentos pro memoria, hoy veamos sus principales “enemigos”:
-Alcohol: se lleva el primer puesto. Al margen de la sensación transitoria de pérdida de memoria que puede causar un cuadro de embriaguez, el consumo regular de alcohol también deteriora las neuronas –recordemos que no se recuperan-.
-Grasas: las grasas saturadas –las provenientes de fuentes animales- son perjudiciales para el corazón y también para el cerebro. De igual modo, las grasas trans deterioran con el tiempo la salud en general, y la del cerebro en específico también.
-Azúcar: Consumir dulces de forma excesiva, produce gran secreción de insulina, lo que genera a su vez distintos efectos dominó que a mediano plazo termina con la degradación de las funciones cerebrales.
-Carnes rojas: sobre todo si se las prepara fritas y/o asadas, ya que estimulan la producción de sustancias tóxicas para las neuronas: la principal de ellas, se la conoce como homocisteína. Altas dosis de esta sustancia constituye un factor de riesgo para el mal de Alzheimer y el Parkinson.
Vía Yahoo.com