
Esto es una creencia muy popular y que tiene su gran parte de verdad: por lo general, a aquéllas personas que han sufrido algún infarto o que se cree están en riesgo de padecerlo, se les prescribe entre 75 y 325 mg. de aspirina como medida preventiva.
Se sabe que la aspirina hace que la sangre se licué y evita que las plaquetas formen coágulos. Existen varios estudios científicos que indican que la toma regular de una baja dosis de aspirina reducen los riesgos de infartos hasta en un 50 % en personas sanas, mientras que en aquéllos que ya hayan padecido un ataque cardíaco, la disminución de recaer en un problema de esta naturaleza se encuentra entre un 25 y un 50 %.
De cualquier modo, nunca se debe tomar aspirina periódicamente por cuenta propia, siempre se debe consultar con el médico, podría ser muy contraproducente en casos de personas con úlceras u otros trastornos gastrointestinales, por ejemplo.

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