Si bien este tipo de grasas se encuentra de manera natural en algunos alimentos, especialmente en los de origen animal, como por ejemplo la carne y algunos productos lácteos, el mayor debate se ha instalado sobre aquéllas que se forman como resultado de procesos industriales en la elaboración de margarinas, mantequillas y otros productos como snacks o galletas procesadas o fritas en los aceites denominados “parcialmente hidrogenados”.
Justamente, es esta “hidrogenación” la causante de que los ácidos grasos insaturados –de origen vegetal y cuyo estado natural es líquido- se vean químicamente alterados para conseguir, o bien un líquido más estable, o bien un elemento semisólido o sólido.
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Si bien no es mi intención hacer un artículo científico o muy técnico al respecto para poder diferenciarlas es necesario saber antes cuáles son los componentes químicos con los cuales están constituidas las grasas -tanto las del cuerpo humano como las que contienen los alimentos-: sus componentes principales son los denominados ácidos grasos, que no son más que, básicamente, cadenas de átomos de carbono que pueden o no estar unidas químicamente a otros átomos, los de hidrógeno. Y es aquí donde radica la principal diferencia: hablamos de ácidos grasos saturados cuando éstos poseen todos sus átomos de carbono ligados a los de hidrógeno, mientras que nos referimos a los ácidos grasos insaturados cuando uno o más pares de átomos de carbono están libres –sin unión química con los de hidrógeno-.
En esta última clasificación, vale también hacer otra distinción: cuando solamente es uno el par de átomos de carbono que está libre se lo designa, precisamente, monoinsaturado, mientras que cuando son varios los pares autónomos, se los denomina ácidos grasos poliinsaturados.
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