El cambio climático es, lamentablemente, una realidad, y no sólo puede ser nefasto para el planeta sino también para la salud humana. “Deadly Dozen” (docena mortal) es un informe que se hizo público en el Congreso Mundial de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza que se está realizando en Barcelona desde el 4 del corriente (tendrá lugar hasta el 14).
En este congreso se están dando cita expertos en el tema provenientes de distintas partes del mundo. En el caso puntual de este informe, sus autores son miembros de la Sociedad para la Conservación de la Flora y la Fauna, y se han basado en el análisis de una docena de patógenos que podrían afectar tanto a humanos como a animales en caso de que los cambios climáticos continúen.
“Controlando la salud de la naturaleza podremos predecir dónde se centrará el foco de los problemas [...] y planear cómo prepararnos”, ha declarado Steven E. Sanderson, presidente de la asociación.
Según los especialistas los cambios de temperatura y de los ciclos de las lluvias pueden traer como consecuencia una expansión de los patógenos que causan enfermedades, es decir que no sólo proliferarán sino que también vivirán por más tiempo.
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Desde 1970, que el 22 de abril se viene conmemorando el Día de la Tierra, una fecha destinada a crear mayor conciencia mundial sobre el planeta y su creciente contaminación ambiental.
Distintas organizaciones ecológicas, universidades, ONGs, y otras entidades oficiales aúnan esfuerzos para hacer de este día una jornada informativa y educativa, además de una excusa para hacer un stop y hablar de lo que muchas veces se pasa por alto, y para reclamar políticas destinadas a solucionar esta situación de degradación del planeta: el abuso y mal uso de los recursos naturales, las emisiones de gases contaminantes, la tala indiscriminada de árboles, la extinción de especies animales, el cambio climático, y decenas de etcéteras más que requieren de una rápida atención y solución.
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El cambio climático es un tema que compete a todos, sin importar ubicación geográfica, raza o religión, no hay distinciones posibles cuando de cuidar nuestro Gran Hogar se trata, somos todos partícipes y responsables de lo que está sucediendo, en mayor o menor medida, por acción u omisión, pero lo cierto es que estamos sí o sí involucrados. Y también hace a nuestra salud y a nuestra calidad de vida, sin lugar a dudas (habría que decir, más bien, que sin planeta o con un planeta incinerado o desvastado no hay salud ni calidad de vida posibles, por más aciago que suene).
En este contexto, las voces de advertencia se siguen escuchando. El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, demandó ayer con énfasis una urgente búsqueda de soluciones para afrontar este tema tan delicado y que es uno de los problemas de mayor importancia de la actualidad -entre otros tantos, claro-.
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