Un grupo de investigadores norteamericanos ha descubierto que un antioxidante presente en el té verde, llamado EGGG, puede prevenir o retrasar el desarrollo de la diabetes tipo 1 -la insulinodependiente-, y de daños asociados a ella.
Si bien esta primera etapa de investigación ha sido probada con buenos resultados en ratones, los científicos confían en que también será exitosa en humanos: podría constituir un gran paso, ya que se trata de un producto absolutamente natural y sin contraindicaciones.
Los investigadores apuntaron a encontrar el foco original de esta enfermedad, y tras la utilización de este antioxidante propio del té verde, pudieron concluir que, en el caso de los ratones, había reducido y retrasado el inicio del daño de la glándula salival, asociada con este tipo de diabetes.
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