
Las personas mayores de 40 años que mejor estado físico tienen poseen un menor riesgo de sufrir hemorragias e ictus (infartos cerebrales), según una reciente revisión realizada en el Reino Unido.
El equipo de Phyo K Mying, de la unidad de Gerontología Clínica de la Universidad de Cambridge revisó los datos de más de 13.600 británicos que participaban entre los años 1993 y 1997 de un estudio de cáncer. Al momento del comienzo del seguimiento, en 1993, se había sometido a estas personas a distintas pruebas para ver su estado físico.
De este modo, y tras el tiempo de análisis, se halló que había un riesgo de ictus o accidente cerebrovascular hasta en un 50 por ciento menor entre los participantes que eran más ágiles y mejor función física tenían.
“Una mala función física pueden servir para identificar a aquellas personas que tienen un alto riesgo de ictus y a las que se las puede ayudar con estrategias preventivas, como la reducción de la tensión sanguínea. Además, podría animárseles a adoptar estilos de vida asociados con un menor riesgo de accidentes cerebrovasculares, reduciendo el consumo de sodio y aumentando la actividad física”, explicó textualmente Myint.
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Ya hemos dicho en Vitadelia que para gozar de una salud plena, todo lo que pase por dentro, desde nuestros pensamientos hasta lo que consumamos son piezas fundamentales. Pues bien, lo primero es lo más importante, sin lugar a dudas: pensamientos y emociones negativas irán minando nuestro cuerpo y alterando sus funciones.
Un nuevo estudio realizado por investigadores norteamericanos, encontró que la desesperanza, cuyos efectos se analizaron en mujeres, puede aumentar los riesgo de sufrir un accidente cerebro vascular (ACV).
Aquéllas mujeres que, aunque sanas, se apegaban a un sentimiento de desesperanza, eran mucho más proclives a desarrollar acumulación de placa en las arterias del cuello, que son las que desencadenaban finalmente en un ACV.
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Ya se ha dicho en muchas ocasiones que lo que “pasa por dentro“, y en todo sentido, repercute enormemente en nuestro estado de salud. Los pensamientos y emociones pueden ser mucho más benéficos o, por el contrario, dañinos, de lo que podemos creer. Una nueva publicación de la revista especializada Science viene a reforzar esta teoría.
Este trabajo incluyó dos estudios, uno de ellos, se realizó sobre supervivientes de accidentes cerebrovasculares (ACV), en el cual se halló que quiénes tras su problemática sentían apatía, desinterés y tristeza, tenían un índice de recuperación más lento, y el otro, encontró que aquéllas mujeres sanas de mediana edad que sentían desesperanza tenían un engrosamiento inesperado de la arteria carótida -la principal que irriga al cerebro-.
El primer trabajo, realizado por especialistas canadienses, evaluó la evolución posterior de unos 408 pacientes que habían pasado por un ACV, a través de consultas y cuestionarios a sus cuidadores.
Estos informes obtenidos indicaron que un tercio de estas personas tenían apatía menor durante el primer año, mientras que un tres por ciento tenían apatía pero en niveles más importantes.
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Hace sólo unos días te recomendábamos permitirte el placer de disfrutar una taza de té, algo tan sencillo como eso para reducir el estrés y darte una oportunidad de relajarte. Pues un nuevo estudio suma aún más razones para prepararte una taza de este infusión.
Según un estudio realizado en China, beber durante un tiempo prolongado té puede ayudar a reducir el riesgo de padecer accidente cerebrovascular (ACV). El trabajo fue llevado a cabo por científicos de la Universidad Curtin de Tecnología, en Perth, Australia, quiénes estudiaron a un total de 838 hombres y mujeres chinos, con una edad media de 69 años.
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Ya se ha dicho que la práctica de ejercicio regular es una de las herramientas principales con las que se cuenta para prevenir accidentes cerebrovasculares (ACV). Ahora un grupo de investigadores daneses ha dado otro paso y asegurado que el ejercicio físico también ayuda a las personas que ya han padecido estos accidentes a recuperarse de forma más rápida.
En el estudio, encabezado por Gudrun Boysen, del Hospital Universitario de Bispebjerg (Copenhague), se halló que aquellas personas que realizaban caminatas de una hora, cuatro veces por semana, tenían un accidente cerebrovascular menor en comparación con aquellos que hacían poco o ninguna actividad física antes de enfermarse.
“Además de disminuir el riesgo de ACV, el ejercicio físico también hacer que si se padece un ACV sea menos grave y se tengan mejores posibilidades de recuperación”, indicó Boysen.
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El extracto de las hojas del árbol de ginkgo podría ser de utilidad para reducir el daño cerebral provocado por un accidente cerebrovascular (ACV), según las conclusiones a las que llegó un grupo de científicos de la Universidad de Johns Hopkin, Maryland, Estados Unidos.
Los expertos realizaron pruebas de laboratorio para ver cómo actuaba este compuesto en ratones: se les administró el extracto de este árbol antes de que padecieran un accidente cerebrovascular inducido y se pudo observar que aquéllos roedores que lo habían recibido sufrieron la mitad del daño cerebral que aquéllos que no habían sido tratados previamente.
Asimismo, se halló que otro grupo de ratones que si bien no habían recibido el extracto de forma previa pero sí posteriormente, también presentaban una disminución en las consecuencias negativas en comparación con los que no fueron sometidos a ningún tratamiento, esta reducción iba de un 30 a un 60 por ciento, de acuerdo a la inmediatez con la que se había suministrado el extracto.
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