Quiste sebáceo, información que necesitas conocer

quiste sebáceo en pelo

Un quiste sebáceo es un quiste de benigno que tiene un periodo de crecimiento lento y en el cual se incluye material de tipo sebáceo y cuyo origen resulta folicular. Es habitual que aparezcan en el cuero cabelludo, si bien también se pueden producir excepciones en las que este tipo de quiste aparece en otras partes del cuerpo, como en la cara, donde pueden ser muy molestos a nivel estético, la espalda o incluso en algunos casos del hombre en el escroto.

Hay que saber que no todos tienen un tamaño idéntico, pudiendo tener distintos rangos en su superficie, desde aquellos que son de unas dimensiones mínimas hasta los que pueden ser tan grandes como una pelota pequeña. El tamaño es algo que va creciendo a medida que pasa el tiempo, por lo que los que son pequeños es posible que acaben teniendo unas dimensiones considerables. Esto, no obstante, no es la norma.

Quiste sebáceo: causas que lo generan

Los quistes epidermoides se producen, habitualmente, debido a un proceso en el cual los folículos pilosos se inflaman de manera no adecuada. Estos folículos son los que se ocupan de la salud del cabello y del crecimiento del mismo, por lo que si algo va mal en ellos las consecuencias pueden ser graves. Dentro del folículo se encuentran las glándulas sebáceas, que como su propio nombre indica, se ocupan de una misión importante en el cabello de las personas: dar forma al sebo que se utilizará para poder aportar lubricación al cabello y que así todo marche con estabilidad en la salud capilar. Debido a esto es por lo que decíamos antes que aunque suelen aparecer en el pelo, también hay otras partes donde pueden ser comunes. Son, en realidad,las zonas del cuerpo en las que hay pelo. Y eso nos lleva a los ejemplos que pusimos antes, que incluyen también las axilas, de las que no habíamos hablado.

Lamentablemente, las posibilidades de sufrir quistes sebáceos son muy altas y no hay ningún tipo de persona que se quede al margen de ello. Lo que sí sabemos después de muchos años de investigación es que hay algunos es que hay ciertos detonantes que nos llevan a convertirnos en víctimas de este tipo de quiste. Son propensos a sufrirlos quienes encajan en una serie de factores de riesgo. Por un lado, las personas que han tenido acné son posibles víctimas, especialmente si se exponen a dos factores: el primero, haber tenido algún tipo de lesión cutánea. El segundo: que su exposición a días de sol intenso en las zonas afectadas haya superado los niveles recomendables. Por otro lado, también son propensos a estos problemas de piel los hombres, quedando por encima de las mujeres en cuanto a frecuencia. Las únicas personas que quedan muy libres de este problema son las que todavía no han alcanzado la pubertad, puesto que suele ser ese el momento de la vida en el cual comienza el riesgo.

Síntomas para detectarlo y diagnóstico

Si hablamos de síntomas, el principal del cual debemos hablar cuando nos referimos a los quistes sebáceos es la aparición de un cuerpo extraño en nuestra piel. Más exactamente, aparece debajo de la piel y aunque por su pequeño tamaño al principio puede parecer que  no tiene ninguna importancia, hay que dársela, y mucha. Este bultito no produce ningún tipo de dolor, lo que lleva a que nos confiemos y los colores que lo suelen representar son el blanco y el amarillo. La buena noticia es que en cierta manera sí nos podemos confiar, porque este bulto no derivará en nada peligroso si no se infecta. Hay que mantenerlo muy controlado en ese sentido, porque en cualquier momento la situación se puede complicar.

Como decimos, la infección es lo peor que nos puede ocurrir. Por suerte, detectarla es muy fácil. De vez en cuando tenemos que revisarlo (o decirle a alguien de confianza que lo haga). Si en algún momento vemos que el quiste está supurando una sustancia de pus, sabremos que se ha infectado. Ya sabéis que el pus cumple con dos características: tiene que ser moderadamente espeso, producir un mal olor y tener un aspecto de color blanco. ¿Qué haremos en este caso? No tenéis que preocuparos, porque existe tratamiento. Y tampoco os preocupéis si veis que la zona se ha inflamado un poco. Lo más probable es que antes o después no solo se inflame, sino que también tenga un color rojo que os podría preocupar más de lo normal.

¿Cómo tratarlo?

Ahora que el quiste ya se ha inflamado, tiene pus y encima la zona se ha quedado enrojecida, podemos hacernos a la idea de que el quiste necesita ser tratado. Tenemos varias opciones. Una de ellas es el tratamiento con antibióticos. Es lo primero que debemos elegir, especialmente si somos de esas personas que prefieren no pasar por intervenciones. Para ver si el tratamiento con antibióticos funciona tenemos un periodo de un máximo de 48 horas. Haremos uso de las recetas que nos haya dado el médico y cruzaremos los dedos para que el quiste se reduzca por sí solo. Si esto no ocurre no habrá otra opción que pasar por las manos del especialista.

Pero tampoco os preocupéis, porque el proceso no es nada agresivo. Lo único que os harán será una incisión no demasiado grande (pequeña en realidad) con la cual podrán hacer el drenaje de la sustancia que tenéis dentro del organismo. No notaréis el corte, porque os pondrán anestesia de tipo local, mientras que la intervención también hay que decir que  no tiene una duración demasiado extensa.

Si la infección ha desaparecido no significa que el problema no siga ahí, puesto que podemos volver a encontrarnos con ella de la noche a la mañana. Por eso se requiere otra intervención paralela con la cual decirle adiós al quiste de forma definitiva. El sistema es la extracción de la pared que se encuentre afectada por esta afección. No os preocupéis, porque la cicatriz no será prácticamente visible. La intervención solo se puede hacer si el quiste ya no está infectado, así que deberéis esperar a que los antibióticos hagan efecto.

En los casos en los que queráis evitar esta intervención en frío tendréis que responder por vosotros mismos a una pregunta: ¿cómo me afecta el quiste? Quizá aunque no sea demasiado grande no queráis tenerlo en una zona visible. En ese caso podéis elegir pasar por la intervención para cortar el problema de raíz. Hay otros casos en los que quizá decidáis no intervenir pero tengáis que hacerlo, como por ejemplo cuando los quistes se reproducen de una manera habitual. La realidad es que un quiste sebáceo, aunque lo curemos con antibióticos, tiene muchas posibilidades de que reaparezca. Dicho de otra manera: deberíais haceros a la idea de la intervención, porque sino solo estaréis aplazando lo inevitable.

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Acerca de Flor Milano

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