Protusión discal: consejos para vivir con ella

Espaldas con protusión discal

La espalda junto con las rodillas son zonas especialmente sensibles de nuestro cuerpo. Solo hace falta un golpecito para resentirnos y hacer que nuestro ritmo diario se vea afectado por un dolor en esa zona. Ahora nos centraremos en la espalda, la cual mantiene el peso de todo nuestro tronco y es necesaria para hacer casi cualquier movimiento. Tener problemas en las vértebras puede limitar la vida hasta el punto de necesitar medicación constante y cambiar unos patrones en el día a día para poder hacer más llevadera esa molestia que puede convertirse en algo crónico. Una muestra de ese tipo de lesiones es la protusión discal, algo que se suele confundir con una hernia discal. Y aunque ambas producen un dolor fuerte o incluso la insensibilidad de las extremidades, sus diferencias son numerosas.

La mayor diferencia entre ambas es que precisamente la protusión discal es uno de los pasos previos antes de sufrir una hernia discal. Cada dolencia tiene un inicio y una evolución. En el caso de la hernia discal, su inicio es una inflamación que afecta al anillo que rodea la vértebra y el líquido que contiene (el mismo que sirve de amortiguador de cada movimiento). Esta hinchazón hace que empiecen los dolores a la vez que limita mucho el movimiento del enfermo. Una vez la vértebra no soporta mas la presión entre el líquido y el anillo, este último se rompe y deja escapar el líquido, transformándose así en una hernia discal. Como ya sabéis, en ocasiones no existe otra solución que tratar de convivir con el dolor y buscar formas para facilitar el día a día, como por ejemplo los consejos que os daremos para poder lidiar con la protusión discal y evitar el dolor todo lo posible.

Si sufres protusión discal controla tu peso

El primer punto importante a tener en cuenta con este problema de espalda es el peso. Es obvio que una persona que sufre de sobrepeso está forzando la espalda más que una persona que tiene su peso ideal. Cuando se tienen molestias por culpa de la protusión discal hay que tener un control exhaustivo del peso. Esto implica perder los kilos de más en caso de tenerlos, porque pueden marcar la diferencia a la hora de que aparezca el dolor o que este sea más o menos llevadero. Por eso hay que controlar la alimentación. Nunca olvidéis que una dieta sana y saludable es una en la cual se come de todo, pero siempre teniendo en cuenta las cantidades recomendables. En este caso es adecuado consumir alimentos ricos en calcio para evitar el debilitamiento de los huesos o la aparición de osteoporosis.

Vigila tu postura

Donde más solemos equivocarnos es a la hora de sentarnos. Muchas veces damos más importancia a la comodidad y menos a la salud. Un ejemplo claro son las veces que nos sentamos con las piernas cruzadas sin darnos cuenta de que estamos encorvando la espalda a un lado o hacia adelante. Esta postura puede provocar mucho dolor a corto plazo o al levantarnos y volver al movimiento. Una de las características de la protusión discal es la molestia continua, sin importar qué postura adoptemos. Por eso es recomendable tener una postura lo más recta posible para evitar sobrecargar la espalda. Así que evitad todo lo posible sillas sin respaldo o que sean de diseño extravagante y buscad una silla que os permita apoyar la espalda por completo y dejarla recta.

Lo mismo ocurre en la cama. Es recomendable dormir un colchón duro y boca arriba para asegurarnos de tener la espalda completamente recta. En caso de no poder dormir en esa postura podéis hacerlo de lado, pero nunca bocabajo, ya que esa postura encorva la espalda a la vez que hace que el descanso no sea reparador. El motivo de ello es que el cuerpo tiene que hacer el doble de esfuerzo para respirar, puesto que el torso tiene que soportar todo el peso y elevarlo para poder permitir a los pulmones llenarse de oxígeno.

Evita cargar la espalda

No importa si os duele mucho, nunca debéis dejar de hacer deporte porque precisamente estos movimientos son los que os pueden ayudar a evitar el dolor a largo plazo. Pero no sirve cualquier tipo de ejercicio o movimiento. Hay que evitar cualquier deporte que implique cargar pesas, realizar movimientos bruscos o hacer que toda la tensión del deporte se centre en la espalda. En contraposición a esto hay que hacer deportes suaves o moderados donde los movimientos sean de estiramiento y fortalecimiento de los músculos.

Un ejemplo de deporte para practicar cuando sufrimos protusión discal es el Tai Chi. Ese arte milenario chino consta de hacer movimientos suaves y pausados. Con ellos se produce una tensión leve pero constante en los músculos, logrando que se fortalezcan de forma considerable tras seis semanas de práctica.

Foto: Martin Clavey

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