Posturas de yoga, indicaciones para las más fáciles de hacer

Posturas de yoga

Las posturas de yoga nos pueden dar un poco de respeto si todavía no hemos practicado esta actividad deportiva nunca pero estamos pensando en hacerlo. Hay veces en las que vemos a personas que hacen yoga y que realizan algunas posturas que parecen bastante difíciles, lo que nos lleva a sentirnos un poco acomplejados. Pero no hay que sentirse atemorizados y por ello no probar el yoga. El principal motivo es que hay una serie de posturas mucho más sencillas y fáciles de realizar que son por las que deberíamos comenzar. Y después, a medida que vayáis ganando confianza, ya iréis introduciendo otras posturas un poco más complicadas. Pero de momento vamos a comenzar por lo más básico para que veáis que el yoga es para todo tipo de personas.

Posturas de yoga, el árbol

La postura del árbol es una de nuestras preferidas cuando hacemos yoga. Resulta simple, pero tiene un toque de desafío que os ayudará a descubrir desde el primer momento que esta actividad tiene algo especial. Comenzamos en una posición firme con los pies colocados en una posición paralela el uno del otro. Relajamos los hombros y ponemos los brazos uno a cada lado del cuerpo, con las manos estiradas y colocadas delante del pecho. Es importante que sepamos que en el yoga la concentración vale mucho y que tenemos que intentar estar en equilibrio. Nos ayudará, por ejemplo, que mantengamos la mirada fija sobre un mismo punto. No tengáis la idea de hacerlo con los ojos cerrados, puesto que estaréis perdiendo el punto de apoyo visual. Ahora que ya has alcanzado esa relajación que buscábamos para empezar desplaza el peso del cuerpo hacia una de las piernas, en este caso la derecha. Esa pierna se ocupará de ser tu tronco, la base que sustentará al resto del árbol.

Nota y siente cómo todo pasa por esa pierna. Y cuando lo hagas sube el pie de tu pierna izquierda de manera que la planta acabe interactuando con el muslo derecho. Para la posición idónea los dedos estarán mirando hacia abajo. Con este movimiento te has convertido en un frondoso árbol, uno que puede desplazarlos brazos de distinta forma dependiendo del momento. Utiliza el movimiento de los brazos como representación de cómo crece la copa del árbol y siente este movimiento a lo largo de medio minuto. Vuelve a la posición original y repite el ejercicio a la inversa.

Postura del triángulo

De nuevo vamos a colocar los pies paralelos, pero en esta ocasión vamos a separar las piernas. Es importante que como en todos los ejercicios que hacemos de yoga los pies se encuentren colocados con firmeza, porque no queremos perder el equilibrio. A diferencia de lo que hicimos con la posición del árbol, en este caso lo que tenemos que hacer es equilibrar los pies de una manera simultánea. Comienza con un equilibrio que te permita realizar el movimiento inicial, que se basa en realizar un giro de noventa grados con el pie de la pierna derecha. Llévalo hacia ese mismo lado. Ahora para continuar con la postura del triángulo realiza un movimiento hacia arriba con el brazo izquierdo colocándolo en paralelo a la cabeza. Es importante que alcanzada esta posición te asegures de que la cadera está recta. Lo siguiente que debes hacer es bajar el brazo derecho hasta que la mano llegue al muslo. La posición te debería permitir girar la cabeza de manera que mire hacia arriba. En esa posición tendrás que mantener unos segundos antes de pasar a adoptar la posición contraria desde el otro lado.

Yoga del guerrero

Postura del guerrero

Vamos a volver a la posición inicial que adoptamos al comienzo de la postura del árbol. Seguro que ya has reconocido que se trata de la postura de la montaña, la cual no hemos recomendado, porque queríamos sencillez, pero no tan extrema. Desde la posición inicial haz una separación en las piernas, realizando un giro con ambos pies, pero no en la misma dirección ni posición. El pie izquierdo debería girar 45 grados, mientras que con el derecho tenemos que llegar hasta los 90 grados. Asegúrate de que tienes la pierna izquierda bien estirada hacia atrás. Ahora un giro con el torso que te coloque hacia la derecha y, como muy importante, dobla la pierna derecha con un máximo de noventa grados. Ya tendrás la posición casi conseguida. Sube los brazos hacia la parte superior y supera la cabeza, estirando los dedos y respetando esa postura mientras respiras. Tendrás que cambiar el lado para una segunda vuelta de la postura del guerrero, siempre asegurándote de que la cadera en la fase final del movimiento está totalmente alineada hacia adelante.

Estas tres posturas de yoga son una buena forma de comenzar con estos ejercicios tan saludables. Posteriormente os recomendamos ir introduciendo otros movimientos y posturas, puesto que el yoga es un tipo de práctica que se beneficia mucho de fomentar la variedad, puesto que cada acción puede resultar beneficiosa para una parte determinada de nuestro organismo.

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