Patatas, nuevo riesgo para la hipertensión

Riesgo con las patatas

Los británicos han llegado para estropearnos la ingesta de uno de los alimentos que más nos gustan: las patatas. Si bien sabemos que son algo común en la vida de multitud de personas, estos tubérculos se han transformado en el último “villano” de nuestra alimentación. Como decimos, la culpa la tienen las investigadoras del BWH (Brigham and Women’s Hospital), que han publicado un estudio en el British Medical Journal donde han hablado de cómo este alimento incrementa el riesgo de hipertensión. Es un resultado importante, dado que hasta ahora ningún informe había profundizado sobre los efectos de la patata en este sentido.

Patatas, ¿qué dice el estudio?

La idea de relacionar las patatas con la hipertensión no es nueva. Todo se puso en funcionamiento hace 20 años, cuando desde el hospital creyeron que sería interesante comprobar si realmente había relación del tubérculo con esta condición de la salud. Desde entonces se pusieron a trabajar manos a la obra con profesionales del sector de la salud para determinar si había algún tipo de relación. Se contabilizaron a más de 180.000 personas, sumando hombres y mujeres que ya participaban en otros estudios médicos a los que aportaban información vital sobre distintos hábitos en su alimentación.

El estudio de las especialistas británicas se llevó a cabo con la participación de la Universidad de Harvard, que también ha aportado su granito de arena. Algo necesario, puesto que los resultados se han alcanzado mediante la comprobación exhaustiva de un importante volumen de datos e información. Se contabilizaron los historiales clínicos de los pacientes, las respuestas que dieron en distintas encuestas, factores relacionados con las investigaciones y otros elementos que fueron recopilándose a medida que pasó el tiempo. La intención estaba clara y los resultados no dejan margen a la duda: las patatas pueden ser un problema en este aspecto. ¿Pero a qué nivel? ¿dónde se encuentra realmente el factor condicionante de que estemos hablando de un obstáculo para la salud y un riesgo para producir hipertensión? La media que estipula el estudio la coloca en un mínimo de cuatro raciones de patata consumidas de forma semanal, por lo que en principio debajo de esa media no deberíamos tener problemas.

El desarrollo de un estudio esclarecedor

La profundidad de la investigación ha permitido comprobar que no es lo mismo comer patatas hervidas que pasarlas por la sartén y que estén fritas, tal y como podíamos imaginar. Pero incluso las hervidas, que se supone que deberían ser las más sanas, existe riesgo de sufrir hipertensión en el futuro. Entre los voluntarios que se sometieron al estudio hubo un 11% de personas que desarrollaron hipertensión debido a que ingerían patatas al menos cuatro veces a la semana. Las personas que solo consumían este alimento como máximo dos veces al mes no demostraron un riesgo de ello. Como decíamos, existe mucho más riesgo si hablamos de patatas fritas. Del 11% que produjeron las patatas hervidas pasamos a un más preocupante 17% del que hay que cuidarse en salud. Por su lado, la preparación en puré o al horno encajan en el mismo grupo que las patatas hervidas.

Patatas al horno

¿Por qué ocurre esto? El principal motivo parece encontrarse en el índice glucémico de las papas, que es demasiado alto y existen posibilidades de que acabe produciendo un aumento en la presencia de azúcar en la corriente sanguínea, algo que nos podría llevar a sufrir hipertensión. Para evitar esto los especialistas recomiendan que volvamos a ser conscientes de que hay que limitar los carbohidratos, puesto que pueden producir efectos adversos variados. Aún así, los propios autores del estudio desvelan que saben que su investigación no es definitiva y que debe ser tomada en cuenta solo como pauta y camino a seguir por la sociedad.

¿Cuál es la solución?

Rápidamente podemos responder que dejar de comer patatas es la solución. Pero no es necesario ser tan radicales. Hay que controlar su consumo, eso sí, no alimentarnos día sí y día también de patatas fritas y no pensar que este alimento es “distinto” dependiendo de cómo lo preparemos o consumamos. Las patatas son patatas, ya sea que estén hervidas, en puré, al horno o fritas. Dicen algunos especialistas que una buena opción para que podamos frenar el efecto que llevaría a que suframos hipertensión es adoptar una dieta como la Dash. En ella se fomenta la ingesta sana de alimentos que nos permitirán que esta enfermedad crónica se mantenga lejos de nosotros.

Lo que nos indica es que comamos productos con poca grasa, apostando por las verduras, los lácteos o la fruta. También es recomendable el pescado, las legumbres, la carne de ave y los granos. En cambio, además de los tubérculos de los que hablamos tenemos que evitar la carne roja, el azúcar, el alcohol o los dulces en general. Aún así, es una dieta más flexible de lo que se pueda imaginar, aunque no la única que podemos tener en cuenta. En cualquier caso, para no sufrir los efectos de las patatas lo mejor siempre será la moderación.

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