Orinoterapia, mitos de esta terapia alternativa

Mitos de la orinoterapia

Suena desagradable, pero la orinoterapia no tiene porqué daros repelús ni produciros ganas de querer retirar la mirada de la pantalla. Es algo que se practica desde hace miles de años y que, como terapia alternativa, ha llegado a convencer a cientos de personas a lo largo y ancho del mundo. No obstante, entendemos que como proceso diferente y curioso, esta práctica puede llevar a engaño en ciertos aspectos, lo que ha generado multitud de mitos que es importante sacar a la palestra lo antes posible. Solo así llegaremos a ver qué es, en realidad, lo que proporciona esta práctica y qué lleva a que se practique en todo el mundo.

Orinoterapia, definición

Partimos de la definición porque vemos que estáis un poco perdidos, y luego ya pasamos a los mitos. Lo que entendemos como esta terapia alternativa es usar la orina con distintos objetivos y funciones. Hay casos en los que su utilización se encuentra enmarcada en la búsqueda de un función terapéutica, dado que se dice que tiene propiedades curativas y adecuadas para la sanación de distintos problemas. En otro tipo de ejemplos esta terapia puede ser útil en el sector de la cosmética, donde ya sabéis que hasta las sustancias más extrañas pueden tener una utilidad clara y beneficios en distintos aspectos. ¿Qué es lo que hacen las personas que practican este tipo de proceso? Desde aplicar la orina sobre su propio cuerpo, hasta inyectársela o bebérsela. Eso sí, por motivos de salud e higiene, siempre es importante que la orina que utilicemos sea la nuestra, la que anteriormente ha salido de nuestro cuerpo, lo que acaba teniendo, si lo pensamos, bastante sentido.

El mito de la cantidad y la calidad

Una de las teorías que circulan a través de algunos pseudo expertos es que para que la uroterapia, que es otro de los nombres de esta práctica, sea eficiente, tenemos que beber tanta orina como expulsemos. ¿Os lo imagináis? Podríamos estar todo el día entrando y sacando líquidos de nuestro cuerpo sin parar. Pero esto no es cierto. No tiene nada que ver, ni se estipula una cantidad mínima que tenga que salir y entrar para que la terapia tenga efecto. Todo dependerá del tratamiento y del objetivo específico que tengamos con el uso de este elemento.

Otro mito es que podemos comenzar a realizar esta terapia de repente, sin ningún tipo de preparación. Es decir, nos levantamos un día por la mañana y decimos “pues voy a hacer orinoterapia, porque yo lo valgo”. Y no, así no se puede hacer. Los expertos en esta materia proporcionan unas pautas que no son precisamente parecidas al mito. Para comenzar a realizarla lo primero que debemos hacer es un periodo de preparación que tendrá un proceso de tres días. Durante esos días lo que habrá que hacer será preparar la orina que posteriormente expulsaremos. Eso significará evitar la carne roja o el consumo de café, dado que esas sustancias son bastante frecuentes que aumenten las toxinas que no deseamos producir en combinación con nuestra orina. En lugar de estos alimentos hay que introducir en la dieta una gran cantidad de pescado, cereales, frutas y verduras. Y no podemos olvidar que tenemos que beber al menos 3 litros de agua al día, siendo recomendable que los vayamos introduciendo de forma progresiva para que, por otro lado, siempre estemos hidratados.

Haciendo este proceso nos aseguraremos que tres días después ya expulsaremos una orina de calidad. Pero no hagamos caso del mito que dice que hay que apurar la cantidad de orina al máximo para siempre tener disponible. Ni mucho menos, dado que la orina de calidad que expulsamos es exactamente la que se encuentra en medio del proceso. La inicial y la del final no son buenas y tenemos que prescindir de ellas.

Bote con orina

Otras teorías disparatadas

Entre las teorías más locas que escuchamos sobre esta práctica no puede faltar la que asegura que el efecto de la orina es milagrosa y que resulta aún más recomendable consumir la de personas sanas o niños. ¡Eso es una locura! Como decíamos antes, hay que tomar la orina propia y usarla siempre de forma exclusiva, salvo que os encontréis en una situación en la cual debáis usar vuestra orina para ayudar a alguien con, por ejemplo, una picadura de medusa (un tema que dejamos para otro día). Si consumís la orina de alguien que está sano no vais a beneficiaros de su estado de salud. Eso son cuentos e historias para no dormir en las que no deberíais confiar.

Por otro lado, tampoco debéis usar la orina si estáis tomando algún tipo de medicación, especialmente cuando se trata de algo dirigido a una enfermedad grave como el cáncer. Los especialistas indican que esto es algo que nunca se debe hacer, puesto que con la orina se estarán expulsando sustancias nocivas que podrían volver al organismo si nos la bebemos posteriormente.

Y huyamos del mito que dice que cualquier persona se puede inyectar orina para disfrutar de sus vecinos saludables sin ningún tipo de control. En realidad, la orina mediante inyección simboliza uno de los procesos más peligrosos y arriesgados que podamos reconocer y hay que evitarlo por todos los medios. Solo los profesionales formados para este objetivo están en posición de supervisar este tipo de práctica. En los demás casos os tendréis que conformar con aplicar la orinoterapia con los procesos básicos. En otra ocasión hablaremos de los beneficios de esta práctica, ¡no lo dudéis!

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Acerca de Flor Milano

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