Obesidad mórbida: información que te gustará conocer

Mujer con obesidad mórbida

Se denomina obesidad mórbida al índice de masa corporal de una persona de 40 o más, lo cual genera serios problemas de salud y movilidad. Las personas que sufren este problema son habitualmente excluidas socialmente, disminuye su esperanza de vida y provoca que se sufra una minusvalía. Se trata de un problema de etiopatogenia compleja y multifactorial que puede deberse a la herencia genética, al metabolismo del organismo o a problemas psicológicos o sociales, que cada vez es más habitual en las sociedades actuales, siendo considerado un problema de salud pública.

Obesidad mórbida: diagnóstico

Lo que hay que hacer es tan simple como relacionar el peso con la estatura de la persona que lo pueda padecer. Para ello se utiliza el índice de Masa Corporal (IMC), cuyo cálculo se realiza dividiendo el peso en kilogramos entre la talla en metros cuadrados. Se recomienda también medir los pliegues cutáneos o la bioimpedanciometría, un examen rápido, seguro e indoloro que permite conocer la composición corporal de una persona, para evaluar el porcentaje de grasa, masa magra y variaciones de agua corporal, considerando la edad y sexo del individuo.

El valor normal se sitúa entre los 18,5 y 24,9 kg/ m2. Cuando tenemos un valor situado entre 25 a 29,9 se considera actualmente como pre-obesidad; mientras que la obesidad clase I se da cuando el Índice de Masa Coporal va de 30 a 34,9; la de clase II se sitúa entre 35 y 39,9, y la de clase III si el IMC supera los 40, caso en el que ya estaríamos hablando de obesidad mórbida. Por su parte, los sujetos que tienen un Índice de Masa Corporal de 50 o más son considerados como “mega” obesos o “súper” obesos.

Causas y factores que contribuyen a padecerla

Normalmente se piensa que la única causa de la obesidad excesiva es la ingesta excesiva de alimento debido a la falta de fuerza de voluntad de la persona para controlarse por problemas alimenticios o de ansiedad. Pero la verdad es que existen factores como la genética que no solo causan que se sufra esta enfermedad, sino que hacen muy difícil adelgazar a pesar de las dietas que se hagan.

Diferentes estudios científicos han demostrado como no es tanto un problema de hábitos alimenticios (que también), como uno de genética, algo que se ha podido comprobar con niños adoptados, los cuales tienen una probabilidad del 80 por ciento a tener un peso similar al de sus padres biológicos, a pesar de seguir unos hábitos alimenticios muy diferentes con sus padres adoptivos. Curioso es también lo que pasa con los hermanos gemelos, que al tener los mismos genes es probable que tengan un peso similar, al contrario de lo que pasa con los hermanos mellizos. La probabilidad es de tener tanta cantidad de genes como relación con nuestro peso, de la misma forma que los genes determinan nuestra altura, también afectan a nuestro apetito o nuestra capacidad para almacenar grasas.

Otro de los factores a tener muy en cuenta es el entorno. Si por tu genética ya estás predispuesto y además llevas un estilo de vida sedentario en el que predomina el consumo de comida basura tan habitual hoy día en la vida moderna, es más probable que sufras esta obesidad grave.

Anteriormente comentamos que no es tan simple como tener una dieta equilibrada. La idea es sencilla, al ingerir más calorías de las que llegamos a quemar en nuestro día a día, engordamos, pero si quemamos más de las que introducimos, adelgazamos. Pero en la práctica no siempre le ocurre así a todas las personas. Existe una teoría llamada el punto de ajuste, una especie de termostato del cerebro que provoca que las personas ganen o pierdan peso. Bajo este factor, aquellas personas que tienen la idea de reducir las calorías que consumen para anular el punto de ajuste producen un efecto nada deseado en el cual el cerebro se ocupa de desacelerar el ritmo y el metabolismo. O dicho de otra forma: acabamos recuperando todo el peso que hayamos perdido.

¿Y si nuestro caso incluye un trastorno de tipo alimenticio? En esa situación tenemos por delante un largo camino. El principal problema es que tenemos que ser conscientes de que meternos al quirófano para adelgazar no será lo que nos ayudará. En lugar de eso tendremos que pasar a un tratamiento médico y ver qué opciones tenemos para ponernos mejor.

Consecuencias de la obesidad mórbida

Al sufrir de obesidad de clase III es mucho más probable (seis veces más probable concretamente) que desarrolles la enfermedad de vesícula biliar, cinco veces más posible que sufras de tensión arterial, tener diabetes es tres veces más frecuente, el doble de probable que tengamos osteoartritis, infertilidad, problemas de espalda y algún tipo de cáncer. Llegan a cuarenta y cinco problemas vinculados con que nos encontremos ante un índice de masa corporal que es más elevado de lo que debiera. Como podéis imaginar, todo esto conduce a que lleguemos a vivir menos. Los expertos dicen que nuestra vida podría restar 9 años a su esperanza.

La obesidad mórbida, no hay duda de que es un problema médico a tratar y solucionar cuanto antes. No es que sea algo de lo cual nos debamos preocupar solo por la estética, sino por lo que supone para nuestra vida. ¿Imagináis que fallezcamos debido a este problema que tiene solución no como otras enfermedades? En este sentido es muy importante que nos apoyemos en el médico y que salgamos adelante con mucha fuerza de voluntad.

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