Gammagrafía ósea, todo lo que necesitas saber

Prueba de Gammagrafía ósea

La medicina está muy avanzada. Existen pruebas médicas para detectar todo tipo de problemas, pero en ocasiones tienen un nombre tan “serio” que nos asusta. Un ejemplo de ello es la gammagrafía ósea. Por su nombre tiene pinta de ser algo que afecta muy seriamente a los huesos, cuando en verdad es una simple prueba para obtener una imagen muy clara de la estructura ósea. El resultado nos da una imagen mucho más clara que una simple radiografía, y se utiliza, principalmente, para detectar tumores o fracturas y conocer hasta qué punto pueden ser graves.

¿En qué consiste la gammagrafía ósea?

Una gammagrafía ósea se basa en inyectar una pequeña cantidad de radiación (a este líquido se le llama marcador) para hacer que las venas sean más visibles en una resonancia magnética. Este líquido será transportado por el torrente sanguíneo a los diferentes órganos vitales y huesos, logrando que sea más fácil percibir si su forma es correcta o si presenta alguna irregularidad. Por ejemplo, puede ayudar a detectar un tumor o una fractura ósea en situaciones en las que una simple radiografía no podría hacerlo.

Para unos resultados normales el líquido debe quedar uniforme sobre los huesos. Si éste presenta formas irregulares o pequeños picos en una zona en concreto puede ser sinónimo de que algo malo ocurre. Cabe destacar que esta prueba se hace en dos tiempos. El primero nada más inyectar el líquido en el cuerpo para ver la forma inicial que muestra el marcador y el segundo a las 3 o 4 horas después de haber recibido esa pequeña dosis de radiación para ver cuál es la forma final que presenta. Durante el proceso no se siente ningún tipo de dolor ni molestia a pesar de estar recibiendo una dosis de radiación. No olvidéis que es una dosis muy pequeña, mucho menor que la radiación a la que estamos expuestos cuando nos hacen una radiografía.

¿Para qué sirve?

Muy sencillo: para detectar tumores en los huesos. Este tipo de cáncer es difícilmente detectable en un simple tac o radiografía, por eso hay que “iluminar” la estructura ósea y para ello se necesitan líquidos que sean luminiscentes a la hora de hacer un tac, haciendo que sea más fácil observar las formas de los huesos para detectar zonas calientes o dibujos irregulares los cuales son una señal de que existe un tumor o metástasis por culpa de un cáncer.

Esta prueba médica también sirve para detectar esas fracturas o fisuras que podemos hacernos en los huesos pero que a simple vista no son detectables en las radiografías. De hecho pocos pacientes conocen este método y muchas veces no le dan importancia al dolor cuando no aparece nada en la radiografía. Si notáis sensibilidad y dolor al rozar la zona afectada no lo dudéis y pedir una gammagrafía ósea para que los médicos se aseguren al 100% de que no existen fracturas. Muchas veces pueden ser tan pequeñas o estar situadas en un mal lugar y esto hace que no se puedan detectarse a tiempo. Si no tenemos cuidado pueden provocar que el paciente se quede con un dolor insoportable y con el riesgo de que la fractura pueda empeorar.

A tener en cuenta

Como es evidente, las mujeres que están embarazadas o en periodos de lactancia es mejor que no se sometan a la prueba hasta que el menor nazca o deje de amamantar. Aunque la dosis de radiación que se inyecta en el cuerpo es mínima, puede afectar al feto o al menor. No obstante, el problema con embarazadas va mucho más allá. Cualquier persona tras hacerse esta prueba con radiación tiene que estar al menos 48 horas lejos de cualquier embarazada o niño, puesto que durante esos dos días el cuerpo seguirá teniendo rastros de radiactividad, llevando a que pueda afectar a ese sector de la población.

Antes de realizar esta prueba diagnóstica hay que evitar tomar cualquier medicamento que contenga bismuto o bario, puesto que estos pueden afectar al resultado de la prueba y dar resultados alterados. Estos medicamentos hay que dejar de consumirlos al menos cuatro días antes de hacer la prueba. Por eso es importante que antes de hacer la prueba hablemos con el médico sobre qué medicamentos consumimos con el objetivo de asegurarnos al 100% de que no afectan al resultado.

Tras la prueba puede haber complicaciones en la zona donde se recibe el pinchazo debido a que siempre, lo quiera o no el especialista, queda un poco de residuo tóxico en la punta de la aguja con la que se inyecta. Debido a esto, al retirar la aguja del cuerpo pueden quedar unas gotitas del marcador en la aguja y que este entre en contacto con la diminuta herida que aparece tras el pinchazo. De ocurrir esto, la zona pueda infectarse ante el contacto del producto e incluso es posible que se hinche y sangre. Esto es completamente normal y no tiene que alarmarnos. Al igual que todo el cuerpo, la zona irá eliminando la radiación de forma natural después de la gammagrafía ósea.

Foto: Vivian Evans

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