Fiebre hemorrágica: todo lo que necesitas saber

Fiebre hemorrágica y su virus

España vuelve a estar en alerta médica, en esta ocasión por la fiebre hemorrágica. ¿Pero qué se esconde detrás de esta enfermedad de la cual prácticamente no sabemos nada? Por ahora se han dado dos casos en Madrid y la OMS ha contactado de urgencia con nuestro país a fin de realizar una supervisión de lo que está ocurriendo al respecto. El misterio está sobre la capital, dado que se desconoce el origen de la enfermedad, así como las distintas consecuencias que puede llegar a tener. La única pista se encuentra en que este virus fuera detectado en el año 2011 en Extremadura, tras lo cual el tema quedó apartado.

Fiebre hemorrágica, definición

Nos encontramos ante una enfermedad englobada en el grupo de la zoonosis, lo que significa que se trata de enfermedades que dañan a los animales y que en raras ocasiones también se pueden pasar a nuestra especie. En el año 2011 el virus fue detectado en unos ciervos y se mandó investigar debido a que siempre se controlan este tipo de casos para evitar posibles sorpresas desagradables. Los animales que transmiten la enfermedad son tanto los roedores como los artrópodos, lo que preocupa a la vista de la cantidad de especies incluidas dentro de esta última categoría. Esta enfermedad se manifiesta con fiebres de distinto rango que pueden ir desde las más sencillas e inocuas a aquellas más devastadoras, como la que produce el virus del Ébola. Es por este motivo por el cual este tipo de enfermedad preocupa tanto a las autoridades médicas, que saben que se trata de un fenómeno impredecible con resultados de todo tipo.

¿Cuál es el método de transmisión?

La garrapata es la principal responsable de la transmisión de la enfermedad. Este insecto realiza primero un contacto con el animal infectado en cuestión y a partir de ahí traslada el virus para llevárselo a una persona. Tienen que producirse mordiscos en ambos casos. Si el humano se ha contagiado, ya sea por el efecto de la garrapata o por el contacto de otra persona, estará en posición de transmitirlo por dos formas. La primera de ellas es mediante fluidos que se encuentren contaminados. La otra es a través del contacto con la sangre. Pero bajo este concepto, es muy complicado que se produzca una extensión del virus salvo que se den casualidades como las que parece que se han producido en los casos detectados en España.

Fiebre hemorrágica en garrapata

El caso en cuestión se inició cuando un señor de Castilla y León fue mordido por una garrapata que había obtenido el virus de alguno de los animales infectados con los que había tenido contacto. Este hombre fue trasladado a Madrid y se analizó su situación, ingresando primero en el hospital Infanta Leonor y después se le trasladó al Gregorio Marañón. El señor falleció unos días más tarde y la autopsia determinó que había contraído la enfermedad, algo de lo cual no se había sospechado a la vista de que no es un virus propio de nuestra región. Después una enfermera que había atendido al fallecido también mostró síntomas de tenerla. Otra de estas casualidades que indicamos se produjo porque el señor contrajo la peor de las fiebres que se podían sufrir con la enfermedad, algo raro y atípico. La enfermera está controlada y en aislamiento, no pareciendo que tenga la misma gravedad. Y a las personas que tuvieron contacto con el fallecido se las está monitorizando.

¿Qué más hay que saber?

Uno de los problemas más graves en relación a este tipo de fiebre es que el cuadro suele ser asintomático, por lo que no se muestran elementos que varíen el estado de salud de la persona infectada. En otro tipo de situaciones lo que se recoge es una fiebre que puede intuirse que se trata de la habitual cuando tenemos un resfriado. Solo en los casos más complicados llegamos a sufrir un cuadro que se torna de tipo hemorrágico, lo que implica que la situación ha alcanzado sus niveles más graves y preocupantes. Ante las personas que sufran la enfermedad es importante que esta se trate con rapidez y de forma temprana para reducir la letalidad. En aquellos casos en los que se manifiesta con su gravedad más alta la posibilidad de supervivencia es reducida, colocándose en un porcentaje de alrededor el 50% en el peor de los casos.

Por desgracia, no existe una vacuna que haya sido determinada como definitiva para curar la enfermedad. Se han probado distintos métodos en animales, pero no en personas. Lo que hacen las autoridades sanitarias es utilizar un antivírico que se cree que tiene cierto nivel de efecto sobre las personas que están enfermas con este tipo de virus, pero cuya eficiencia tampoco se ha demostrado en su totalidad. Ahora mismo es imperativo seguir el protocolo de que se ha establecido para este tipo de fiebre hemorrágica con la intención de evitar que el problema se extienda tanto en España como en el resto de Europa.

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