¿Qué es la enfermedad de manos, pies y boca?

Enfermedad de manos, pies y boca en niños

Seguramente aquellas personas que no sean padres o quienes nunca han llevado a sus hijos a una guardería no sabrán qué es la enfermedad de manos, pies y boca. De hecho ese nombre parece inofensivo o incluso un juego de palabras. Pero la verdad es que es una enfermedad muy contagiosa que suele afectar especialmente a niños de 0 a 3 años. A pesar de que sus síntomas son muy vistosos, como molestas ampollas en diferentes partes del cuerpo, no es tan frecuente hablar de ella.

Esta enfermedad, tan conocida por los padres que llevan a niños a colegios de preescolar, no es especialmente peligrosa incluso a finales de verano e inicios de otoño, momentos donde es más común encontrar afectados por la manos, pies y boca. Pero aunque es una enfermedad altamente infecciosa, está comprobado que el riesgo de que adultos o adolescentes la contraigan es casi nula.

Síntomas de la enfermedad de manos, pies y boca

El niño empieza a presentar enrojecimiento en lugares tan visibles a simple vista como las palmas de las manos y la comisura de los labios. Pero no solo allí aparecen esas rojeces, estas también se hacen presentes en la planta de los pies y en la zona púbica, la cual ataca especialmente. Poco a poco esas pequeñas rojeces se van convirtiendo en unas ampollas que son dolorosas y generan un malestar muy grande al menor, debido a que el picor es intenso. Por eso es normal que en el inicio de la enfermedad los pequeños que la padecen se sientan intranquilos, irascibles y tengan ataques de llanto. Es fundamental ante la presencia de estos síntomas correr al médico y, si es posible, evitar que el menor entre en contacto con otros niños.

¿Cómo reconocerla?

Aunque la boca y las manos son lugares muy reveladores para saber si se padece o no la enfermedad, tampoco son los más fiables. Ha habido casos de niños que presentan manchas en esa zona de la piel y el resultado fue una alergia a algún alimento o planta que tocaron. Pero si se sospecha que la criatura puede padecer manos, pies y boca, la mejor zona para comprobarlo es la genital. Un momento muy bueno para el reconocimiento de esta patología es en los cambios de pañales. Si se observa que el niño presenta llantos ante la idea de que le cambien los pañales o hace respingos cada vez que se le pasa la toallita húmeda sobre esas rojeces (que no se parecen en nada a las rozaduras) o la esponja, es hora de arreglarlo y llevarlo al pediatra de inmediato porque seguramente padezca esta problemática dolencia.

Enfermedad infantil

El momento cumbre

Lo que al principio eran pequeñas rojeces se convierten en ampollas dolorosas que pueden aparecer hasta en el paladar y la garganta, provocando que sea importante observar detenidamente al menor y valorar si es necesario llevarlo rápidamente al médico o si puede seguir pasando la enfermedad en casa tras las indicaciones recibidas en la primera visita al pediatra. Y aunque la característica más reconocible de esta enfermedad infantil son esas bolsas de agua bajo la piel, en la etapa cumbre de la enfermedad también aparece rigidez de cuello y fiebres muy altas. Estos últimos síntomas son importantes conocerlos para evitar confundirla con otras enfermedades y, por tanto recibir un susto sin razón.

Su modo de contagio

La manos, pies y boca es una enfermedad muy contagiosa, sobre todo en los niños que van a guarderías, porque su medio de transmisión es por los flujos. Ya sea por culpa de estornudos o por introducirse juguetes u objetos que otro niño haya babeado, la verdad es que el contagio es casi imposible de frenar. Por eso es común ver que tras las primeras sospechas de presencia de manos, pies y boca las maestras de la escuela llamen rápidamente a los padres para que vayan a buscar al niño afectado y evitar así que el contagio sea mayor. Ha habido casos donde, por no tener un protocolo de actuación, clases enteras de niños se han visto afectados por dicha enfermedad.

¿Cómo tratar la enfermedad?

Por desgracia no existe un medicamento que pare los síntomas y detenga así la enfermedad. Pero sí hay medicinas que pueden ayudar a que las molestias sean menores. Por ejemplo, ante la fiebre se puede suministrar al paciente un poco de apiretal o una aspirina infantil si el niño cumple con los requisitos mínimos para poder tomarla. Hay que tener en cuenta la hidratación constante del paciente. Eso es debido a que uno de los efectos secundarios de la fiebre es la pérdida de líquidos y más aún en niños tan pequeños.

Para disminuir ese molesto picor que producen las ampollas se pueden utilizar polvos de talco o pomadas siempre y cuando estén recetadas por el pediatra, el mismo que puede asesorar y explicar con calma qué es la enfermedad de manos, pies y boca y porqué solo afecta a los más pequeños.

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