Demencia, consejos para cuidadores

Demencia en anciana

La demencia es una enfermedad que se produce en una gran cantidad de casos en personas de todo el mundo y que suele requerir el apoyo de familia y amigos. Los cuidadores son figuras imprescindibles alrededor de la persona que la está sufriendo, pero la realidad es que sus propios sentimientos también llegan a verse afectados. Estudios recientes desvelan que alrededor del 50% de las personas que cuidan a personas con demencia también tienen algún tipo de problema mental.

Y aunque no necesariamente debe ser una consecuencia de realizar ese papel de cuidador, sí es cierto que puede llegar a influir. Por eso hay que intentar afrontar el trabajo de cuidador de manera que siempre obtengamos los mejores resultados en nuestro contacto con el enfermo. Solo así conseguiremos que esta relación que desarrollamos con él llegue a buen puerto de forma exitosa. Y para eso nosotros compartimos con vosotros una serie de consejos.

Demencia, los cuidadores al frente

Hay que pensar en el gran cambio que supone para las dos partes esta modificación en el status quo, más cuando existe una diferencia de edad entre ambas, que viene a ser lo que suele ocurrir. Quien tiene demencia necesita sentir que continúa encontrándose en un entorno de respeto, en el cual su dignidad no se pone en entredicho y donde se mantiene un alto nivel de autonomía. Quien hace el papel de cuidador lo debe tener en cuenta y también ocuparse de sus propias necesidades, que nunca deben quedar de lado para que la relación no se vea afectada a corto y largo plazo.

Consejos para una relación sana

Es bueno que midamos mucho nuestras palabras y acciones aunque tengamos contacto con esa persona desde hace quizá 20 o 30 años. Es conveniente recordar que la relación va a cambiar por mucho que nosotros no queramos o no podamos verlo. Hay que relacionarse con esta persona mediante una comunicación que sea muy concreta. No podemos complicar una conversación de forma liosa y tampoco deberíamos marear la perdiz. Cuanto más simplifiquemos mejor y si podemos usar peticiones o instrucciones sencillas, mucho mejor. En todos los casos es bueno que usemos nuestras manos para ayudarnos en la manifestación de una idea.

A veces la persona con demencia tiene problemas para entender algunas preguntas o a la hora de dar una respuesta que permita proporcionar ese pensamiento al cual quiere llegar. Por eso en ocasiones si abusamos de esas preguntas que pueden encontrar una respuesta simple de “no” o “si” lo que ocurrirá es que no estaremos consiguiendo las respuestas que buscamos. En este caso se demuestra que lo excesivamente sencillo se convierte en algo negativo, puesto que el enfermo podría tender a responder de forma aleatoria y no siguiendo sus propios pensamientos. En lugar de ello es preferible optar por preguntas que sean más abiertas, aunque al mismo tiempo se respete la sencillez de las mismas. Es difícil encontrar el equilibrio, pero es cuestión de práctica y de ir viendo cómo reacciona la persona a la que cuidamos.

Demencia y cuidadores

También hay que intentar que el enfermo realice tareas por sí solo y que no acabe siendo dependiente en todo. Eso ayudará a su carácter y le hará sentir mejor. En otros casos lo que podemos hacer es darle apoyo con algunas tareas complejas en las que nosotros simplifiquemos su papel al mínimo, pero de forma en la que también participe.

El contacto con el enfermo

Algo que no entienden algunos cuidadores es que tratar con un enfermo de demencia no es lo mismo que hacerlo con una persona que se encuentra sana. Esto significa tener un cuidado especial y poner atención en cada uno de los movimientos que realicemos. Por ejemplo, deberíamos intentar acercarnos al enfermo lo menos posible por la espalda. No buscamos una reacción adversa en él y tampoco queremos fomentar su ansiedad, algo que suele ser frecuente sufrir en este tipo de casos. Es mejor movernos siempre por delante para que nos pueda ver bien. Y cuando lo hagamos deberíamos hacerlo con movimientos lentos y nada acelerados. Un comportamiento incontrolado o inquieto puede influir mucho al enfermo de demencia. De forma general tenemos que recordar que aunque nos movamos por delante de esta persona, siempre que estemos con ella deberíamos colocarnos a su lado. Esto dará una sensación de apoyo y confianza.

En todos los casos hay que recordar ser pacientes, no confiarnos e intentar mantener las formas en nuestro comportamiento con esta persona. Es bueno que nos mostremos abiertos y receptivos, que intentemos ayudar al enfermo en todo lo que pueda y que nunca nos manifestemos en un comportamiento que aparente que nos encontramos a un nivel distinto al suyo. Hay que igualarse en posición al enfermo de demencia, hablar con él y ser consecuente con su estado, ofreciendo cuando lo creamos conveniente nuestra mano para que se apoye en ella hasta el momento en el que lo crea conveniente.

Compartir en Google Plus

Acerca de Flor Milano

Deja una Respuesta

¡Sé el primero en comentar!

avatar

wpDiscuz