Cómo comemos y con quién, también influiría en nuestras decisiones alimentarias

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La obesidad seguirá siendo un problema sanitario, sobre todo en el mundo occidental, durante este 2014. La mala alimentación y la vida sedentaria son los principales causantes de esta enfermedad, que afecta también en gran escala a los menores: en España, el porcentaje de menores obesos alcanza el 19 por ciento, mientras que el de  los niños con sobrepeso, el 26,1 por ciento.

Pero además del factor genético y los mencionados, también influyen otros, como la compañía y cómo comemos. Dos estudios han concluido que la velocidad con la que se mastica y las elecciones alimentarias de nuestros compañeros de mesa influyen también sobre nosotros.

Sólo en los Estados Unidos, la tasa de obesidad ha aumentado un 14,5 por ciento entre 1971 y 1974, y casi un 36 por ciento entre 2009 y 2010, números que son más que significativos para graficar cuál es la situación.

La obesidad no es un problema sólo estético, ya que cuando se vuelve crónico pone en peligro la salud en general del obeso, y es factor de riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular, hipertensión, entre otros trastornos.

Una de las investigaciones se publicó en la revista Journal of the Academy of Nutrition and Dietetic y comprobó cómo afecta la velocidad con la que se come en dos grupos de personas, uno de gente con peso normal y, el otro, con sobrepeso u obesidad.

Se les indicó entonces hacer dos comidas: una en la que comieran sin apuros, con conciencia y bocados pequeños, masticando bien los alimentos, mientras que en la otra, por el contrario, que lo hicieran imaginando que tenían prisa, a bocados grandes y masticando más rápido.

Las conclusiones fueron que, en ambos grupos, cuando se comía más lento, la sensación de saciedad era mayor, y más rápida, y los participantes sentían menos hambre una hora después de ella. Además, el consumo de agua fue también mayor.

Sin embargo, el comer más lento sólo produjo una significativa reducción de la ingesta calórica en el grupo con el peso normal. “Es posible que las personas con sobrepeso u obesidad se sintieran más auto conscientes, y esto les hiciera comer menos durante el estudio“, explicó uno de los responsables del trabajo.

El otro estudio, por su parte, consistió en revisar los datos de otros 15 anteriores y sirvió para constatar como influyen los demás en nuestra alimentación.

Parece que, en algunos contextos, las normas de alimentación pueden ser una forma de reforzar la identidad de un grupo social, lo que está en consonancia con la teoría de la identidad social“, explicó al respecto el principal investigador Eric Robinson, de la Universidad de Liverpool.

Por esta identidad social, si el sentido de sí mismo está fuertemente guiado por su identidad como miembro de su comunidad local y se percibe que esa comunidad se alimenta sano, entonces esa persona podría alimentarse saludablemente con el fin de mantener un consistente sentido de identidad social“, prosiguió.

Finalmente, vale destacar que este análisis también reveló que los mecanismos sociales que influyen en lo que decidimos comer están presentes incluso cuando comemos solos o estamos en el trabajo, aunque no seamos conscientes de ello.

Las normas influyen en el comportamiento alterando el grado en que un individuo percibe la conducta. El comportamiento humano puede guiarse por las normas del grupo, incluso cuando las personas tienen poca o ninguna motivación para complacer a otras personas“, aseguró Robinson.

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Periodista general recibida en TEA Mar del Plata, en el año 2005, con promedio distinguido.Actualmente soy editora de contenidos para las redes de Bitablog y Smallsquid. También he escrito para otras, como el Sobre de los Blogs. Desde mis inicios, me ha atraído todo la relacionado con Internet y los medios digitales, así como el mundo de la salud y el bienestar, del turismo y los viajes, la comunicación y la cultura en general.

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