Estamos en temporada de cerezas, que además de ser de los frutos rojos más sabrosos, aportar vitaminas y nutrientes, y tienen reconocidos beneficios sobre la salud: según se ha comprobado recientemente, son buenas contra el ácido úrico alto y la gota (y la artritis provocada por ella).
Así se ha desprendido de varios ensayos clínicos realizados que han informado que los hidroxicinamatos (cataquena, epicatequina y ácido gálico), y las antocianinas, tienen efectos antiinflamatorios y depurativos que actúan beneficiosamente en estos casos.
Las cerezas son además aptas para consumir en caso de dietas de adelgazamiento, ya que su aporte calórico es bajo: sólo unas 48 calorías por un bol con 20 frutas.
Pero también destaca su aporte de antioxidantes: estos compuestos tan buscados por su capacidad de regenerar el organismo, y por sus efectos preventivos en lo relacionado con enfermedades crónicas y degenerativas, también están presentes en las sabrosas cerezas.
Los fitoquímicos presentes en estas pequeñas frutas ayudan a reducir el riesgo de enfermedades crónicas y degenerativas como el cáncer y las enfermedades del corazón. Aquí también son las antocianinas las que cumplen un rol relevante, así como las catequinas, ácido clorogénico, glucósidos y melatonina. Estos compuestos también pueden encontrarse en las guindas (aunque su saber es ya más amargo).










