Algunos puntos “ocultos” a tener en cuenta cuando se habla de alimentación saludable

Si bien el llevar una alimentación adecuada es un pilar de nuestra salud, puede haber ciertos puntos que se escapen a nuestra mejor volutad, “enemigos” ocultos que quizás están boicoteando nuestras buenas intenciones. Así, en el libro ‘Secretos de la gente sana‘, el dietista y nutricionista Julio Basulto da a conocer algunos de estos ítems ocultos, como la letra chica de lo que se anuncia como ‘saludable’.

El autor ejemplifica con el caso de que cuando una galleta se anuncia como “rica en fibra, calcio y omega-3″, se puede estar casi seguro de que tendrá un alto nivel de azúcar, de sal y, por el contrario, pocas vitaminas.

*”El tamaño de las raciones“. En los últimos años se ha producido un aumento considerable del consumo energético a través de los alimentos, incluso en similar ración a la ingerida hace unos años, y no así del gasto calórico cotidiano de las personas -por el contrario, hay cada vez más sedentarismo-.

Este exceso se almacena en forma de grasa corporal, y de aquí también la epidemia de sobrepeso y obesidad. Para contrarrestar este aumento calórico en los alimentos frecuentes, habrá que ajustar entonces el tamaño de las raciones.

*”El tipo de grasas“. Cuando vemos en una etiqueta que dice “bajo en grasas o reducido en grasas” ello no significa que el producto sea ya de por sí saludable. Habrá que tener en cuenta a qué tipo de grasas se refiere. En realidad, las grasas no son malas de por sí, se trata de un nutriente necesario, pero claro, en su justa medida y en su mejor calidad posible.

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y Nutrición (EFSA), del total de calorías consumidas a lo largo del día, entre el 20 y el 35 por ciento debería provenir de grasas. Pero la EFSA también diferencia las recomendaciones de consumo según el tipo de grasas, y establece que, de grasas saturadas y grasas trans, cuantas menos, mucho mejor.

En resumen, el tipo de grasas que se deberá tratar de evitar, o de consumir en lo menos posible, son las saturadas (de origen animal) y las denominadas grasas trans.

*”Integral y enriquecido con fibra no son sinónimos“. Al refinar los cereales (arroz y trigo, por ejemplo), es decir, al quitarles la capa externa natural que recubre el grano, se les está restando (hasta casi en un 50 por ciento) sus vitaminas, minerales y fibra. De aquí que las opciones refinadas sean menos saludables y nutritivas, y siempre se deba apostar por las versiones integrales.

Pero integral no es igual a enriquecido: lo primero es el gran en su estado natural y con todos sus nutrientes, lo segundo es lo refinado con un añadido plus de fibras, pero los minerales y vitaminas perdidos no se recuperarán.

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Periodista general recibida en TEA Mar del Plata, en el año 2005, con promedio distinguido.Actualmente soy editora de contenidos para las redes de Bitablog y Smallsquid. También he escrito para otras, como el Sobre de los Blogs. Desde mis inicios, me ha atraído todo la relacionado con Internet y los medios digitales, así como el mundo de la salud y el bienestar, del turismo y los viajes, la comunicación y la cultura en general.

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