8 vasos de agua al día, un mito derribado

8 vasos de agua al día no es recomendable

Siempre hemos oído que 8 vasos de agua al día son los que deberíamos ingerir como mínimo y también se suele decir eso de “cuanta más agua mejor”. ¿Pero cuánto de real hay en esas afirmaciones? ¿no estaremos pasándonos bebiendo tanta agua? Ahora un nuevo estudio nos cuenta todo lo que ocurre en nuestro organismo en el momento en el cual nos excedemos con la hidratación. Y os vamos avanzando que no son cosas precisamente buenas.

8 vasos de agua al día, el gran mito

Olvidemos los mitos y derribemos las viejas ideas que nos llevaban a pensar que era mejor beber agua sin parar que quedarnos quietecitos durante un rato. El nuevo estudio que tomamos como referencia ha sido publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences de Norte América y ha descubierto ciertos aspectos interesantes. Por ejemplo, ¿sabíais que después de beber mucha agua tenemos problemas para tragar? Por lo que se cuenta en el estudio, se trata de una respuesta biológica de nuestro organismo para que dejemos de beber agua. Tragaremos peor porque nuestro cuerpo nos estará diciendo “deja de beber ya”. Si bebemos agua en exceso podemos llegar a sufrir otros problemas que se replicarán en distintas partes del cuerpo, como en el cerebro, y es posible incluso que suframos una enfermedad conocida como hiponatremia.

Un estudio en profundidad

Los investigadores al frente del estudio han trabajado con 20 personas a las que han introducido en escáneres MRI para comprobar qué nivel de esfuerzo requerían para tragar agua en pequeñas cantidades (la prueba se hizo con agua azucarada y agua normal). Se les dieron dos posibles contextos. El primero: cuando tenían sed después de ejercicio y el segundo: después de beber un litro de agua. Los resultados hablaron por sí solos: en el segundo contexto fue tres veces más complicado tragar agua que en el primer ejemplo.

Esto demostró que al haber bebido determinada cantidad de agua el cuerpo estaba transmitiendo un acto reflejo para que los individuos no pudieran seguir bebiendo con la misma facilidad. Se había creado una comunicación en la cual el cuerpo le decía a la persona en cuestión que ya había bebido suficiente. Los investigadores denominan este descubrimiento como el desarrollo temporal de una resistencia al exceso de agua, una inhibición de deglución que ahorra serios problemas a las personas que no se dan cuenta de que ya han bebido demasiado. Eso sí, hay que tener en cuenta que el cuerpo tiene unos límites de control sobre nuestra voluntad, así que si nos proporciona ese reflejo de que debemos dejar de beber seremos nosotros quienes tendremos que tomar la decisión. O dicho de otra forma, el organismo solo nos podrá alertar, quedando la última decisión en nuestra mano. No es un sistema infalible.

8 vasos de agua al día estudio

¿A qué nos arriesgamos?

Antes hemos mencionado la hiponatremia, una condición a la que podemos llegar debido a que nuestro cuerpo se encuentra totalmente ahogado por la introducción de agua. Los niveles de sodio, como consecuencia de esto, se habrán reducido de forma drástica y habremos llegado a un estado preocupante. A partir de la hiponatremia podemos sentir ganas de vomitar, letargia, todo tipo de convulsiones y en el peor de los casos hay pacientes que han llegado a fallecer por algo aparentemente tan inocuo como beber mucha agua.

Durante el estudio los científicos no pusieron en tal riesgo a los voluntarios, pero sí comprobaron que había indicios de que la situación podría complicarse mucho. También sacan a relucir información que ya tenían sobre la mesa, pero que debían confirmar. Por ejemplo, recuerdan casos de atletas que han participado en maratones en los que han bebido más agua del que su cuerpo podría soportar por toda la sed que han acumulado, falleciendo debido a ello de manera totalmente instantánea. Hay otras veces en las que el fallecimiento no se ha producido, pero sí una importante serie de efectos secundarios, como dolores de cabeza, niveles de energía más reducidos y estreñimiento. Hasta la obesidad puede estar, en algunos casos, producida por excesos de agua.

Hay que buscar el punto medio

Pero no pensemos ahora que el agua es mala y que por eso debemos dejar de tomarla. Lo que tenemos que hacer es buscar el equilibrio, un punto medio que nos permita estar bien hidratados, pero sin arriesgarnos a ningún problema. Es algo que tienen que hacer todas las personas, desde niños a mayores. Desde el estudio comentan que es tan peligroso beber mucha agua que no beber nada como hacen muchos ancianos a los que ya se les han pasado las ganas o el reflejo de hidratarse.

Cuando se hacen recomendaciones de cuánto debemos beber al día el secreto se encuentra en que sepamos que el agua que introducimos en el cuerpo no viene solo de la bebida. La realidad es que la comida también incluye agua y ocurre lo mismo con el té, los zumos o el café. No hay que fiarse de esas afirmaciones que dicen “bebe 8 vasos de agua al día”, porque cada persona es un mundo y puede variar la cantidad que necesite dependiendo de la salud, la edad o lo activos que seamos (y lo que sudemos, en consonancia).

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Acerca de Flor Milano

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