
Ya se sabe lo perjudicial que es para el bebé en formación fumar o beber alcohol durante el período de gestación (y ni hablar de otras sustancias ilegales). Entre los varios riesgos a los que se expone al bebé se encuentra la muerte súbita, bajo peso al nacer, retardo del crecimiento, malformaciones congénitas, entre otros.
Pero aún más lejos ha ido un reciente estudio en el que se pudo concluir que estos trastornos son, incluso, a largo plazo: los efectos nocivos de estas sustancias pueden extenderse a la niñez, la adolescencia, e incluso a la madurez.
Además, estos bebés pueden presentar problemas cognitivos, al tiempo, que pueden ser más propensos a repetir ellos mismos estas conductas destructivas de abuso de sustancias como el alcohol y el tabaco.
“Hasta hace poco tiempo se pensaba sólo en los efectos inmediatos del consumo de sustancias lícitas o ilícitas durante el embarazo. Pero han estado apareciendo estudios de seguimiento que muestran que bebes que no presentan ninguna malformación o trastornos evidentes al nacer, pueden padecer problemas del desarrollo a mediano o largo plazo“, manifestó al respecto una especialista brasileña, la doctora Ruth Guinsburg, profesora titular de pediatría neonatal de
Guinsburg, que disertó sobre el tema en el V Simposio Internacional de Neonatología, que se realizó en la ciudad de Buenos Aires, continuó: “El niño nace; parece normal; no hay grandes malformaciones, pero ¿qué pasa? Después, el niño va a tener más dificultades en la escuela. Estudios hechos con hijos de mujeres que fumaban marihuana durante el embarazo mostraron que a los 15 años tenían más dificultades en tareas complejas como la coordinación visoespacial o la abstracción.”
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