De acuerdo a un estudio llevado a cabo por
Se sabe que esta práctica milenaria activa zonas cerebrales relacionadas con las emociones positivas. Básicamente, y tomando las palabras de Ghen Kelsang Tharpa, maestro budista, meditar es “aprender” a “calmar” la mente, examinar y tomar conciencia de nuestros patrones intelectuales y mutar lo negativo en positivo.
Una de las formas más sencillas y utilizadas de aquietar nuestra mente es concentrarse en la respiración, de esta manera –si uno realmente lo logra- el pensamiento se va alivianando y se va entrando en un estado total de relajación.
Una vez que uno logra tomar conciencia de su respiración, mantener la concentración y relajarse, existen muchísimos otros ejercicios para hacer: desde la imaginación creativa, centrarse en un mantra (sonido) o hasta la concentración en algún objeto exterior. No son más que distintas vías para llegar a un mismo destino: mayor calma interior, y, por ende, un mejor estado de salud física.
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