
El Tai Chi Chuan es de origen chino y, aunque a simple vista, parezca una simple danza lenta, es un arte marcial. La tradición china lo define como “el arte de ocultar la dureza dentro de la suavidad, como una aguja envuelta en algodón”.
Otra de sus definiciones más conocidas es la de meditación en movimiento –recordemos que meditar para la cultura oriental es la búsqueda interna, es silenciar y callar la mente para que salga a la luz lo que está detrás de la actividad mental ordinaria: la otra sabiduría, más intuitiva y esencial.
El Tai Chi busca desarrollar la energía interior, esto se logra a través de la suavidad unida a la intención. Sin embargo, más allá de la concepción oriental, desde el punto de vista occidental, puede decirse que el Tai Chi es practicado como una “gimnasia” para lograr un óptimo estado de salud e integridad psíquica y física.
La leyenda del Tai Chi refiere a un monje taoísta, Chang San Feng, quién tuvo un sueño en el que veía como una grulla peleaba con una serpiente. Esta visión lo inspiró para idear este método de combate: el modo de enroscarse de la serpiente para protegerse del ave viene a ser una alegoría de cómo lo blando es capaz de vencer lo duro.
Ahora bien, dejando de lado los aspectos legendarios del Tai Chi, veamos algunos de sus beneficios sobre el estado de salud general:
-Se logra una efectiva relajación muscular. Es ideal para contrarrestar las contracturas y dolores físicos propios de malas posturas y/o tensiones musculares.
-Un cuerpo relajado y en movimiento está más dispuesto para afrontar saludablemente las actividades diarias y mejor predispuesto para un buen descanso nocturno.
-Mejora la postura corporal, en especial de la espalda y de los hombros.
-Beneficia los sistemas cardiovascular y linfático.
-Estimula el sistema nervioso.
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