
Se ha comprobado que los niños que pasan de dos a cuatro horas al día mirando televisión son 2,5 veces más propensos a tener la presión arterial elevada que aquéllos que pasan menos de dos horas.
Y cuanto mayor es el tiempo que los niños miran televisión, mayor es el riesgo que corren de padecer hipertensión: los que miran más de cuatro horas por día tienen 3,3 veces más de posibilidades de tener problemas con su presión que los que lo hacen menos de dos.
Además, también se cree que el sólo hecho de reducir la cantidad de horas que un niño pasa enfrente de la pantalla chica es suficiente para ayudarlo a perder peso –aunque no se le haga hacer otra actividad física extra-.
De más está decir que, como en todo, el punto está en el término medio: dos horas de televisión por día son más que suficientes para cumplir con el objetivo de distenderse o de pasar un rato de distracción. Es mucho más beneficioso que los niños jueguen u hagan otras actividades más saludables e igual, o incluso, más divertidas y creativas para ellos.
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