estrés

El estrés es un tema complejo y si bien suena mucho hoy en día, no es novedad, de hecho el estrés, en cierta medida razonable, formó siempre parte de la vida de cada ser humano desde el momento en que es.

De manera general, se puede decir que el estrés describe tanto los acontecimientos externos –aquéllos que significan retos o desafíos para nosotros- como las respuestas internas que estos sucesos generan. Abarca tanto cuestiones o pequeños problemas cotidianos –un percance de tráfico- como experiencias críticas que puedan alterar nuestra vida –un divorcio o la pérdida del trabajo-. Sin embargo, hay que aclarar que los hechos que provocan estrés no tienen porque ser necesariamente negativos: una boda, por ejemplo, también nos produce cierto estrés.

Por otro lado, la reacción del organismo ante el estrés es con una respuesta de “huida” o de “lucha”, por ello, se puede decir que está relacionado con la parte instintiva de nosotros: con aquéllas respuestas inmediatas que nos vienen desde nuestros orígenes, cuando una rápida reacción era necesaria para sobrevivir. Hoy día, no es tan necesario actuar por instinto para vivir: la respuesta de “lucha” o de “huida” no es tan adecuada para afrontar el estrés más cotidiano.

Así es que, se debe decir, que el estrés físico y el psicológico son parte de la vida: lo que cobra importancia es la intensidad con la que se los vive y la respuesta que origina. Por ejemplo, si el estrés es tan intenso y el sujeto no sabe cómo resolver y afrontar esas situaciones y, por ende, le impide disfrutar de la vida, muy posiblemente, su cuerpo le de un aviso de que está sometido a demasiada presión.

¿Cuáles son los efectos físicos del estrés?

La hormona principal del estrés que se segrega durante esa respuesta de “luchar o huir” es la adrenalina, la cual prepara al cuerpo para afrontar el problema y lo pone en estado de alerta: eleva la presión arterial, lo que aumenta las palpitaciones, y también acelera el ritmo respiratorio. Asimismo, el flujo de sangre se incrementa y se dirige hacia los músculos para prepararlos a la acción.

Esta hormona también influye sobre el sistema inmunológico: si bien el estrés durante un corto período puede ayudar en la curación de una enfermedad, cuando se prolonga por más tiempo del “saludable” puede terminar agotando el suministro de las hormonas relacionadas con el estrés, y desencadena un freno en la respuesta inmunológica lo que nos hace más vulnerables a las enfermedades.

Hay muchos estudios realizados que han demostrado una relación entre el sistema inmunológico y los estados de estrés.

Categorias: Miscelánea, Otros y Salud

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