Directamente lanzo la pregunta al aire: ¿Merece la pena el sacrificio de la comida, el descanso, el entrenamiento, todo ello… por estar en plena forma y tener un buen cuerpo, tanto estético como funcional? Esta pregunta puede tener dos respuestas, y cada una de ellas varías según la persona, su forma de pensar y sus aptitudes, tanto física como mentales.
Pienso que hoy es un día para debatir si merece la pena o no, puestos en que lo más importante son los resultados, pero a diferencia de otras cosas, aquí el fin no justifica los medios. ¿Qué quiero decir? Lo importante es que no tenemos que hacer extremos sacrificios para lograr nuestros objetivos, porque son perfectamente compatibles con nuestra vida diaria, sólo hay que adaptarlos bien
(Tampoco quiero decir, vamos a cebarnos a comida basura, que con el tiempo, todo llegará).
Por ejemplo, que estés adelgazando no quiere decir que un día que otro no te puedas permitir un capricho, o que si te gustan mucho una marca de galletas, las desayunes, sabiendo que apenas va a implicar en el desarrollo del objetivo a cumplir. Cierto es que hay que controlarse -y mucho-, pero no todo tiene que ser blanco o negro, ¿Qué decís?
Llevar una buena y sana dieta hoy día en el mundo occidental es muy, pero que muy difícil. No es porque tengamos difícil acceso a los buenos alimentos -todo lo contrario- sino que, tenemos tan a la mano la mala comida, que es casi imposible evitarla. ¿Cuántas veces has preferido llevarte una barrita de cereales, una chocolatina o similar en vez de gastar 5 minutos en hacerte un sandwich de pavo? Yo, muchas.
¿A dónde quiero llegar? Sólamente trato de transmitiros que os establezcáis unas metas, unos objetivos, y que aunque vosotros mismos os pongáis una piedra en el camino de vez en cuando que lo dificulte un poco, no hay que detenerse, lo importante es vivir la vida, y si ello implica disfrutar comiendo y por el consecuente, retrasando un poco nuestras metas, que así sea.



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